Avísame 2 horas antes
// Published On: Aug 13, 2026
#me
Preparar la maleta
Después de sentarme a discurrir en solitario en El Sillón de Pensar, rincón en mi piso con un sillón reclinable, ¿Por qué siento prisa y culpa cuando mi calendario me notifica mi destino en los próximos 30 minutos y llego 1 hora después o no llego?
Pongamos por ejemplo ir al gimnasio. Sé que es una actividad que debo llevar a cabo si quiero poder miar y cagar en solitario pasados los 70 años (suponer no hace daño). La notificación me llega 30 minutos antes. Pánico. ¿Por qué siento hambre?, me pregunto; me acaba de dar mucho sueño, me digo; estoy en medio de una tarea y necesito cerrarla como Dios manda para retomar los siguientes pasos el día de mañana…¡Corre!, ¡corre!, ¡cambiate, come un plátano, alista tus cosas, montate en el auto y sal con la mala sensación que vas tarde 1 hora después del evento en el calendario!. Menuda rutina que dudará lo mismo que Maná en la lista de popularidad en 2027.
Cambié el enfoque: si bien el objetivo es el mismo, mi plan es avisarme qué en dos horas debo estar listo para salir al gimnasio. No estar en el lugar, sino salir para allá. Obviamente el tiempo da para no arribar cuando el gerente-mamado esté bajando la cortina. Si tengo hambre, como algo ligero; si estoy en medio de una tarea que me exige concentración, la acoto a pausarla en un punto clave. Es decir, es un aviso previo de lo que tiene que suceder en un rango de tiempo (¿les parece si le llamamos micro-rango?), no en un momento en específico. Es engañar al propio cerebro, pero parece que funciona.
Viene la calma.
No pretendo encontrar el hilo negro de la motivación ni los resultados asegurados, solo quería escribir del cambio en mi narrativa propia para conseguir ese flow.